Las naves egipcias dedicadas a la navegación de altura tenían una eslora de unos treinta metros y un porte de hasta ochenta y cinco toneladas. Su fondo plano les permitía con, viento favorable, navegar a gran velocidad. Cuando reinaba la calma, los remeros entraban en acción y permitían seguir el viaje sin esperar el cambio de viento.
Los egiptólogos no están de acuerdo sobre la localización de la Tierra de Punt. Unos propone Eritrea, otros Somalia o Zimbawe o el Hadramaut o la India. Pero cualquiera de estos lugares está demasiado cerca del mar Rojo para justificar la duración del viaje: tres años en todos los casos relatados por los documentos egipcios.
Paul Gallez [en Trois thèses de predecouverte de l’Amérique du Sud par le Pacifique. Gesnerus 33 (1976), Aarau, Zurich] sugiere una nueva interpretación. Sitúa la Tierra de Punt en Sudamérica, probablemente en la región de Puno en los bordes del lago Titicaca en territorio peruano. Allí se obtiene anualmente el 70% de la producción de oro del Perú, así como antimonio, mercurio, zinc, estaño y cobalto. Se encuentran en la región viejas minas de oro y de antimonio sobre cuya antigüedad los arqueólogos no están de acuerdo. Los barcos del lago Titicaca, hechos con totora (planta herbácea de las tifáceas, de tallo largo, a manera de junco con una mazorca cilíndrica al extremo), se parecen tanto a los del antiguo Egipto que Thor Heyerdhal fue a Puno a a reclutar a los hombres que le construyeron, en las orillas del Nilo, su barca de papiro Ra II. Puno se halla cerca del Pacífico, 240 kilómetros en línea recta, y las ruinas de los valles intermedios pertenecen a las mismas civilizaciones tiwanaqueña o pretiwannaqueña [José Imbelloni: La segunda esfinge indiana. Buenos Aires, Hachette 1956, p. 90].
La hipótesis de Puno merece un estudio especial y, por lo que se puede decir en el estado actual de la cuestión, es tan aceptable como las otras localizaciones propuestas para la Tierra de Punt.
Los egiptólogos no están de acuerdo sobre la localización de la Tierra de Punt. Unos propone Eritrea, otros Somalia o Zimbawe o el Hadramaut o la India. Pero cualquiera de estos lugares está demasiado cerca del mar Rojo para justificar la duración del viaje: tres años en todos los casos relatados por los documentos egipcios.
Paul Gallez [en Trois thèses de predecouverte de l’Amérique du Sud par le Pacifique. Gesnerus 33 (1976), Aarau, Zurich] sugiere una nueva interpretación. Sitúa la Tierra de Punt en Sudamérica, probablemente en la región de Puno en los bordes del lago Titicaca en territorio peruano. Allí se obtiene anualmente el 70% de la producción de oro del Perú, así como antimonio, mercurio, zinc, estaño y cobalto. Se encuentran en la región viejas minas de oro y de antimonio sobre cuya antigüedad los arqueólogos no están de acuerdo. Los barcos del lago Titicaca, hechos con totora (planta herbácea de las tifáceas, de tallo largo, a manera de junco con una mazorca cilíndrica al extremo), se parecen tanto a los del antiguo Egipto que Thor Heyerdhal fue a Puno a a reclutar a los hombres que le construyeron, en las orillas del Nilo, su barca de papiro Ra II. Puno se halla cerca del Pacífico, 240 kilómetros en línea recta, y las ruinas de los valles intermedios pertenecen a las mismas civilizaciones tiwanaqueña o pretiwannaqueña [José Imbelloni: La segunda esfinge indiana. Buenos Aires, Hachette 1956, p. 90].
La hipótesis de Puno merece un estudio especial y, por lo que se puede decir en el estado actual de la cuestión, es tan aceptable como las otras localizaciones propuestas para la Tierra de Punt.