La gran prueba de que hay elefantes representados en Mesoamérica se encuentra en una estela en la Gran Plaza de Copán, en las ruinas de la ciudad maya, que Jaime Errázuriz presenta en buena fotografía en la página 153. Se hace muy difícil, afirma el autor, y yo digo lo mismo, creer que esas trompas sean picos de guacamayo. Copán es un Departamento de Honduras, con 3.203 km2, fronterizo por el oeste con Guatemala y está situado en 14º 50 N. y 89º 09 W.
“En una encuesta entre gente común –expone Jaime Errázuriz-, con seguridad la casi totalidad diría ver en la estela citada dos cabezas de elefantes con sus respectivos conductores con unos turbantes; sin embargo, extrañamente, a mayor conocimiento arqueológico se distorsiona esta interpretación, entrando dudas por los prejuicios de los aislacionistas, quienes piensan que no era posible encontrar en América precolombina alguien que supiera representar la imagen de un elefante, pues de ser así implicaría reconocer que hubo contacto directo entre los dos continentes. Por lo tanto –apuntilla Errázuriz-, han preferido ver loros y aún tortugas con tal de no admitir esa posibilidad”.
“En una encuesta entre gente común –expone Jaime Errázuriz-, con seguridad la casi totalidad diría ver en la estela citada dos cabezas de elefantes con sus respectivos conductores con unos turbantes; sin embargo, extrañamente, a mayor conocimiento arqueológico se distorsiona esta interpretación, entrando dudas por los prejuicios de los aislacionistas, quienes piensan que no era posible encontrar en América precolombina alguien que supiera representar la imagen de un elefante, pues de ser así implicaría reconocer que hubo contacto directo entre los dos continentes. Por lo tanto –apuntilla Errázuriz-, han preferido ver loros y aún tortugas con tal de no admitir esa posibilidad”.