Es alarmante, desde el punto de vista histórico, constatar la prolongada ignorancia que ha tenido Occidente en general sobre el hecho de que, durante un período notablemente largo, China fue una potencia marítima. Desde el punto de vista de la ingeniería naval, los barcos chinos del siglo III a. J. C. podían llegar muy bien a las costas de América [Gustavo Vargas Martínez, Fusang - Chinos en América antes de Colón, Trillas, México, 1990, p. 34 y ss.]. La prueba más fehaciente –prosigue Vargas- es el descubrimiento, apenas en 1974, de ruinas de astilleros en Cantón. La grada número uno mide 1,8 metros en el medio y 29 metros de longitud ya desenterrada. Se estima que en este tipo de grada se podían construir barcos de 6 a 8 metros de manga, 30 m. de eslora y de 50-60 toneladas de desplazamiento. Y esto alrededor de los años 221 a 206 a. J. C.