La disputa más reciente sobre las migraciones de los chinos en América confirma que los especialistas actuales siguen con la misma mentalidad que los del siglo XIX. Se trata del caso de las anclas de piedra de Palos Verdes, una hermosa península situada a pocos kilómetros al sur de Los Ángeles, California, [Frank J. Frost, The Palos Verdes Chinese Anchor Mistery. Archeology 31/1, New York 1982]. Aquí también se manifiesta la intransigencia de las dos posiciones adoptadas por los científicos. En 1973, un barco de servicio de geología de la Armada de Estados Unidos encontró a cierta distancia de Palos Verdes, a gran profundidad, unas piedras evidentemente trabajadas por la mano del hombre, similares a las que se utilizaban en el Mediterráneo en la Edad de Bronce (ca. 1500/1100 a. J. C.). El manganeso depositado sobre estas rocas indicaba una larga inmersión en el fondo del océano. En 1975, frente a Palos Verdes, y a poca profundidad, dos buzos profesionales hallaron más de veinte piedras trabajadas alrededor de un escollo cubierto de algas y trajeron algunas a su base de Redondo Beach para examinarlas.