Según manifestaciones de Blatty, en el caso de posesión de 1949 no hubo asesinatos ni muertes, si bien los dos sacerdotes que intervinieron sufrieron graves lesiones, y uno de ellos, durante varias semanas, tuvo que levantar el cáliz con una sola mano al decir misa. También era cierto que el muchacho poseso era, capaz de recitar como un loro varias palabras, e incluso frases en latín, y que siempre sufría furiosos ataques cuando el exorcista decia palabras con las que empieza el primero de los severos conjuros del ritual católico del exorcismo, pero este fenómeno puede atribuirse a la agudizada acción intelectual inconsciente, a veces cincuenta veces superior a la normal y que, como dijo Jung, es una posible concomitancia de ciertas formas de histerismo. La furia era provocada por el tono súbitamente fuerte y autoritario que la Iglesia católica recomienda que se utilice en sus Instrucciones a los exorcistas, para hacer los conjuros.