William Peter Blatty escribió al exorcista, y éste le contestó con otra carta, que reprodujo al final de la obra De la novela al guión. Como es natural, y para proteger el anonimato de los verdaderos protagonistas del hecho, en esta carta se omiten los nombres propios. La lectura de esta carta electrizó a Blatty, porque al fin había dado con el caso que durante tantos años había buscado. Volvió a escribir nuevamente al exorcista para que le dejara por lo menos hojear su Diario, con la promesa formal de no publicarlo, y de nuevo el viejo exorcista se excusó aunque asegurándole que se trataba de una posesión auténtica, en la que se habían producido fenómenos paranormales