Este padre fue precisamente el que habló a Blatty de un jesuita amigo suyo que había llevado a cabo un exorcismo, pero que no recordaba el nombre. Se refería al caso de posesión que el propio Blatty leyera el 20 de agosto de 1949 en The Washington Post. Rápidamente se dirigió a la redacción del diario, pero no encontró al periodista que había escrito el artículo, y nada sabían allí sobre los nombres del muchacho poseso ni del exorcista que llevó a cabo el rito. Entonces Blatty se fue a visitar a otro jesuita, también amigo suyo, que vivía en Los Ángeles, el cual pudo facilitarle el nombre y la dirección del tan buscado exorcista.