Gracias a los jesuitas, supo que el 23 de abril de 1961, el padre Joseph de Tonquedec, el viejo exorcista oficial de París y uno de los más prestigiosos exorcistas modernos, declaró que, con toda certeza, había presenciado e intervenido en un caso auténtico de posesión diabólica y, probablemente, en otros dos casos más. Blatty visitó a numerosos jesuitas amigos con la esperanza de que le presentaran a alguien que hubiese efectuado un exorcismo, tal vez a un sacerdote procedente de alguna misión extranjera, pues sabido es que los casos de posesión son frecuentes en África y Asia. Sus investigaciones lo llevaron ante el padre jesuita Thomas Bermingham, profesor en Brooklyn y en St. Andrews on Hudson, el cual había sido también profesor del propio Blatty en sus tiempos de noviciado. El padre Bermingham estaba muy cambiado: tenía cuarenta años y todo el pelo blanco, y se decía que había sido a causa de un exorcismo. No hablaba, rondaba solitariamente por los largos paseos entre los árboles y tenía una mirada apagada e inexpresiva.