Él razonó que la competencia sería mejor que la cooperación, servir al Yo sería más agradable; cuando tomó la decisión de rebelarse e invadir el Cielo, fue convenciendo paulatinamente, tardando el equivalente a decenas de miles de años quizá, a los ángeles bajo su dominio, despertanto la envidia en unos pocos por alguna injusticia imaginaria, y luego valiéndose de éstos para convencer a los demás, millones de ángeles santos a rebelarse.