Sin embargo, con el tiempo, los partisanos rusos ganaron mayor control prácticamente no sólo sobre todos los grupos partisanos sino también sobre áreas de los bosques. Su control se extendió hacia las ciudades y aldeas adyacentes. A fines de 1943, no era inusual que las autoridades locales evitaran estos enclaves partisanos. Sin embargo, este dominio territorial era desigual, a menudo marcado por excepciones y cambios, retiradas repentinas y recapturas.