En la segunda parte de 1943, cuando la marea de la guerra cambió, Stalin hizo un nuevo y concertado esfuerzo para establecer un control más firme sobre los movimientos partisanos. Numerosos hombres fueron enviados desde la Unión Soviética en paracaídas hacia Bielorusia occidental. Otros llegaron en aviones que aterrizaron en aeropuertos secretamente construidos, cerca de los bosques. Aun después del flujo de estos organizadores especiales, los partisanos rusos retuvieron mucho de su independencia y nunca se sometieron totalmente al dominio soviético.