Consecuentemente, Jesús fundó su Iglesia no sólo para santificar a la humanidad por medio de los sacramentos, sino, y ante todo, para enseñar a los hombres las verdades que Jesucristo enseñó, las verdades necesarias para la salvación. Basta un momento de reflexión para darnos cuenta de que, si Jesús no hubiera fundado una Iglesia, incluso el nombre de Jesucristo nos sería hoy desconocido.
Pero no nos basta tener la gracia disponible en los sacramentos visibles de la Iglesia visible. No basta tener la verdad proclamada por la voz viva de la Iglesia docente. Además, necesitamos saber qué debemos hacer por Dios; necesitamos un guía seguro que nos indique el camino que debemos seguir de acuerdo con la verdad que conocemos y las gracias que recibimos. De igual manera que sería inútil para los ciudadanos de un país tener una constitución si no hubiera un gobierno para interpretarla y hacerla observar con la legislación pertinente, el conjunto de la Revelación cristiana necesita ser interpretada de modo apropiado. ¿Cómo hacerse miembro de la Iglesia y cómo permanecer en ella? ¿Quién puede recibir este o aquel sacramento, cuándo y cómo? Cuando la Iglesia promulga sus leyes, responde a preguntas como las anteriores, cumpliendo bajo Cristo su tercer deber, además de los de enseñar y santificar: gobernar.
Pero no nos basta tener la gracia disponible en los sacramentos visibles de la Iglesia visible. No basta tener la verdad proclamada por la voz viva de la Iglesia docente. Además, necesitamos saber qué debemos hacer por Dios; necesitamos un guía seguro que nos indique el camino que debemos seguir de acuerdo con la verdad que conocemos y las gracias que recibimos. De igual manera que sería inútil para los ciudadanos de un país tener una constitución si no hubiera un gobierno para interpretarla y hacerla observar con la legislación pertinente, el conjunto de la Revelación cristiana necesita ser interpretada de modo apropiado. ¿Cómo hacerse miembro de la Iglesia y cómo permanecer en ella? ¿Quién puede recibir este o aquel sacramento, cuándo y cómo? Cuando la Iglesia promulga sus leyes, responde a preguntas como las anteriores, cumpliendo bajo Cristo su tercer deber, además de los de enseñar y santificar: gobernar.