Factores psicológicos y patológicos
Existen circunstancias y personalidades especiales que también influyen en el hecho fenomenológico actual de los grupos libres o sectas. Kloppenburg se refiere a este hecho con palabras duras:
No pocas veces estos factores también influyen sea en la génesis, sea en el desarrollo de movimientos religiosos libres. Hay tipos psicológicos que por naturaleza son apasionados y por eso fácilmente sectarios, fanáticos, intolerantes, proselitistas y divisionistas. Hay también tipos patológicos, cautivados por un verdadero delirio de interpretación (los paranóicos) o por una mórbida manía de proyectar hacia la realidad sus propias confabulaciones, visiones, sueños y fantasías (los mitómanos). Es el ejército de los pseudo-profetas, pseudo-taumaturgos, pseudo-mesías, visionarios, falsos santos, falsos arrepentidos, falsos convertidos fundadores de sectas y religiones. El mitómano crea fábulas e inventa historias, donde todo es verosímil pero casi nada es verdadero. El apasionado, el paranóico y el mitómano, cuando sus temas toman colores de contenido religioso, se tornan fanáticos. Y el fanatismo es contagioso.
Existen circunstancias y personalidades especiales que también influyen en el hecho fenomenológico actual de los grupos libres o sectas. Kloppenburg se refiere a este hecho con palabras duras:
No pocas veces estos factores también influyen sea en la génesis, sea en el desarrollo de movimientos religiosos libres. Hay tipos psicológicos que por naturaleza son apasionados y por eso fácilmente sectarios, fanáticos, intolerantes, proselitistas y divisionistas. Hay también tipos patológicos, cautivados por un verdadero delirio de interpretación (los paranóicos) o por una mórbida manía de proyectar hacia la realidad sus propias confabulaciones, visiones, sueños y fantasías (los mitómanos). Es el ejército de los pseudo-profetas, pseudo-taumaturgos, pseudo-mesías, visionarios, falsos santos, falsos arrepentidos, falsos convertidos fundadores de sectas y religiones. El mitómano crea fábulas e inventa historias, donde todo es verosímil pero casi nada es verdadero. El apasionado, el paranóico y el mitómano, cuando sus temas toman colores de contenido religioso, se tornan fanáticos. Y el fanatismo es contagioso.