A pesar de tales hostigamientos, los datos actuales son suficientes para convencer a cualquier persona razonable que las sectas son un importante tema social. Un buen número de personas están muertas, moribundas, enfermas, inválidas, discapacitadas o se desarrollan indebidamente como personas, como consecuencia de estar envueltos con sectas religiosas en el mundo. Son explotados, sus vidas han sido engullidas; y, prácticamente, nadie está haciendo nada al respecto. En los últimos quince años personas relacionadas con varias sectas en el mundo han hostigado a ex-miembros e investigadores; intentado extorsionar a familiares; acumulado depósitos de armas; representado falsamente los verdaderos propósitos de su grupo; recibido pagos ilegales de desempleo por aseguradoras; infiltrado oficinas gubernamentales y robado documentos; golpeado, violado, asesinado, matado de hambre y torturado a miembros, incluyendo niños; obligado a los miembros a ejercer la prostitución y alentado el juego sexual entre adultos y niños; enviado a un niño de nueve años incomunicado al desierto por varios meses; negado ayuda médica a miembros en diversas condiciones, incluyendo el parto; hostigado e intimidado a miembros que intentaron dejar el grupo; creado en los miembros sentimientos de repudio en contra de sus familias; impuesto restricciones dietéticas impropias y tensión en los miembros; inducido a miembros a cometer abortos, casarse con extraños, e inclusive, claro, a cometer suicidio.