Muchas veces los hermanos están enojados y desilusionados con el miembro de la secta. Por lo general no se dan cuenta de los engaños que se asocian con el reclutamiento de la secta, la fuerte presión social y psicológica que tienen que soportar los miembros mientras están en la secta, ni el temor que se les inculca concerniente a abandonar el grupo. Los hermanos traen a la memoria recuerdos de infancia, de desilusiones y enojos hacia el individuo e internamente viven la injusticia que parece estar emanando. Están en la escuela, en el trabajo, ayudando a la familia y, sin embargo, los padres casi centran toda su atención al haber perdido un hijo en una secta. Mucho bien se podría hacer si los padres pudieran ser aconsejados para que entendieran los resentimientos ocultos que abrigan los hermanos por la atención excesiva que recibe el miembro ausente que está en la secta.