Dentro de la jerarquía de una secta se distinguen dos tipos de adeptos: los que consagran su vida exclusivamente a vivir dentro de ella, y los que de una forma u otra realizan actividades sociolaborales para la secta, que van desde los trabajos manuales hasta la venta de cassettes, pasando incluso por la prostitución. Dependiendo de la que se realice, las posibilidades de captación son mayores o menores. Estas acciones se intentan regular por la Justicia, pero en todos los países las sectas consiguen bordear los límites legales de una manera u otra. También se ve mucho el reclutamiento de “nuevos valores” que en un futuro cercano les permita extender sus ramas en diferentes campos. Hasta tal punto llegan, que incluso la secta Moon tiene establecidas dos universidades en EE. UU., una en Los Ángeles y otra en Connecticut (su dirigente, Sun Myung Moon tiene una de las 50 mayores fortunas del mundo).