Diego de Almagro no ha encontrado oro ni ciudades, únicamente comunidades indígenas viviendo de la agricultura, y otros, más belicosos, en el sur.
A pesar de eso, decide quedarse y fundar una ciudad. Quiere hacer venir a esta región a su hijo nacido de su relación con una indígena panameña, Ana Martínez. Siempre lleno de optimismo, Almagro está listo para emprender la conquista del país.
Pero sus compañeros lo presionan para regresar al Perú; el viaje de regreso comienza en septiembre de 1536.
A pesar de eso, decide quedarse y fundar una ciudad. Quiere hacer venir a esta región a su hijo nacido de su relación con una indígena panameña, Ana Martínez. Siempre lleno de optimismo, Almagro está listo para emprender la conquista del país.
Pero sus compañeros lo presionan para regresar al Perú; el viaje de regreso comienza en septiembre de 1536.