Martín de Alcántara y dos domésticos fueron muertos, Gómez y Ortíz fueron heridos. Pizarro se echó a su turno a la batalla, pero la lucha era desigual. Fue tocado en la garganta, cayó de rodillas y pidió la confesión. Sus confesores le gritaron: " ¡Ve a confesarte al infierno!". Pizarro trazó entonces sobre el suelo una cruz con su propia sangre, la abrazó y se derrumbó gritando " ¡Jesús!".