Ellos partieron nuevamente entonces hacia el sur, pero las tempestades los obligaron a refugiarse en la isla del Gallo. Repararon los navíos y retomaron la mar quince días más tarde para desembarcar en la costa de Atacames. El oro y las esmeraldas abundaban. Pero los indios, muy bien organizados militarmente, se mostraban amenazantes. A pesar de sus refuerzos, Pizarro juzgaba sus tropas poco numerosas para afrontar al enemigo. Partieron de la isla del Gallo, de donde Almagro estará encargado una vez más de traer refuerzos.