Existiría una región donde el oro sería tan abundante que el jefe de una tribu tiraría ofrendas de este metal en las aguas de un lago. En efecto, el jefe de Guatavita (a 57 kilómetros al norte de Bogotá) había castigado cruelmente a su mujer por su infidelidad. Ella se tiró en las aguas del lago con su hija. Un dragón que vivía en el lago le devoró los ojos a su hija y se enamoró de la madre. El jefe se impuso un ritual para expiar su culpa tirando objetos de oro en el lago, lo que hicieron en adelante todos sus sucesores. El rito se efectuaba desde una barca de donde hacían sus ofrendas.