Cortés hizo uso de mucha diplomacia y ardides a fin de preservar a los ojos de los indios el prestigio del cual gozaban los españoles. Malinche le enseñó una vieja leyenda azteca según la cual un dios antiguamente caído, Quetzalcoatl, volvería por el este para tomar posesión de su reino. Este dios tenía la piel clara y era barbudo. Y el emperador Moctezuma había siempre vivido en la idea de que Quetzalcoatl regresaría entonces a su reino. Por otra parte, los aztecas creían que los soldados españoles montados sobre sus caballos eran uno solo. Estos seres fabulosos, los teules, podían asimismo disociarse en dos. Cuando los primeros combates, Cortés puso mucha atención en disimular los cadáveres de los caballos y los españoles para que los indígenas continuaran creyendo en su inmortalidad.