Después de haber pacificado varias tribus y echado abajo sus ídolos para imponer la Cruz, prosiguió su camino por el mar hasta San Juan de Ulua. Cortés entró pacíficamente en contacto con los indios de Cempoala quienes sufrían la dominación de los Aztecas. Los indígenas ofrecieron hospitalidad a los españoles. Poco tiempo después, Cortés recibió la visita de embajadores del emperador Azteca, Moctezuma. Llegaron los brazos cargados de presentes: oro, perlas, plumas coloreadas... Para Cortés, no había ninguna duda; había encontrado el país tan soñado por los exploradores españoles desde el descubrimiento del Nuevo Mundo.