Un joven abogado debutaba defendiendo a un parricida, acusado de haber asesinado a sus padres por motivos económicos. Buscando argumentos melodramáticos para conmover a la Sala, no se le ocurrió más que comenzar diciendo: «Señorías, ¿no sienten compasión de este desdichado huérfano de padre y madre?»