Las venganzas de Hera también llegaron a la corte de los países de entonces como la reina de Libia, Lamia, a quien Zeus amaba. Como venganza, Hera la transformó en un monstruo y mató a sus hijos (O, alternativamente, mató a sus hijos y fue el dolor lo que la convirtió en dicho monstruo). Lamia fue maldecida entonces cruelmente por Hera con la incapacidad de cerrar sus ojos, de forma que siempre estuviese obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. No obstante, Zeus le concedió el don de poder sacarse los ojos para descansar, y luego volver a ponérselos. Lamia sintió tanta envidia de otras madres que acabó devorando a los hijos de éstas