En la ciudad de Tai Shan, provincia de Lu, vivía una pareja, los cuales no podían concebir un hijo pese a sus constantes ruegos, y plegarias. Mas un día mientras la piadosa mujer peregrinaba a La Montaña Sagrada, un Ch’i-lin se le apareció en medio del camino, se arrodilló ante ella, y de su boca botó unas inscripciones que decían: "El hijo de la montaña de cristal, la esencia del agua, perpetuará el reino caído de Chu y será un rey sin corona." En ese momento se encarnó vida en el vientre de la mujer, y después de nueve meses, dio a luz a un hijo llamado Kung Fu Tse, más conocido como Confucio. A través de sus enseñanzas Confucio alteró el pensamiento y la historia de la cultura China, más que ningún otro emperador, sin nunca haber tenido un cargo en el gobierno.