Los continuos éxitos de Alejandro se vieron transitoriamente ensombrecidos por la sublevación de Esparta, secundada por otras ciudades antimacedonias, que fue finalmente reprimida por Antípatro. En la primavera del año 330 a. C., Alejandro reemprendió la marcha en pos de Darío hacia Media. Al llegar a Ecbatana, el persa se había escabullido de nuevo, refugiándose en Bactriana. Antes de reanudar la persecución, Alejandro decidió reorganizar sus tropas, relevando a los efectivos griegos (recompensados con magnanimidad) y encomendando al macedonio Harpalo la custodia de las ingentes riquezas obtenidas en los botines.