Era un agradable día invernal cuando la desgracia sucedió. El sol lucía. Pero cuando los soldados, cumplido su sucio cometido, se retiraron, principió a caer espesa nieve. El viento se suscitó con la noche. Hubo una tremenda ventisca e hizo mucho frío. La nieve se acumuló en la retorcida cañada y la transformó en un largo sepulcro de mujeres, muchachos y niños destrozados, que jamás hicieron daño alguno y que sólo intentaron huir. (Alce Negro)