Entretanto, muchos lakotas, que habían percibido las descargas, llegaban de Pine Ridge. Mujeres, muchachos y niñitos, muertos y heridos, sembraban los lugares por donde habían querido escapar. Los wasichus los habían acosado a lo largo de la cañada y los habían asesinado. A veces estaban amontonados, porque habían intentado acurrucarse en grupo, y algunos estaban aislados; otras veces, pilas de ellos habían sido destrozadas por el impacto de los fusiles de carro. Hallé a un pequeñín que intentaba mamar, pero su madre, cubierta de sangre, había muerto.