Si bien se ha descrito como a veces quemaban el cadáver como sacrificio al ser sobrenatural más poderoso entre los huron, Oki (el cielo), los prisioneros sometidos al rito de la tortura eran sobre todo símbolos de la tribu representada; según la explicación reciente de un antropólogo, los prisioneros pasaban a ser «objeto de su odio y descargaban sobre ellos las frustaciones de la vida y los errores del pasado».