En 1609, Champlain describía un episodio parecido; después de la batalla de Ticoderoga, se eligió a uno de entre los prisioneros para torturarle. Los huron le arengaron con la serie de crueldades que había cometido él y los miembros de su tribu y le anunciaron que se preparara para recibir lo mismo. Le dijeron que cantara “si tenía corazón para ello”. Champlain relata que lo hizo así “pero era un canto enormemente triste”.