La historiadora Francis Parlkman describió con gran detalle el destino de un prisionero iroqués que fue capturado por los huron durante una salvaje guerra entre ambos, entre 1648 y l650. Cuando los huron tuvieron al enemigo en su poder, le abrieron las uñas, le mordieron y cortaron los dedos que usaba para tensar el arco. A pesar de las graves infecciones, era raro que se dejara morir al prisionero antes de llegar al campamento, en este caso de hecho se aseguraron de darle bien de comer para que soportase las torturas que le esperaban.