Mientras que a las mujeres y a los niños los asesinaban en el momento o los adoptaban, los hombres eran conducidos hasta los poblados. En ocasiones, los adoptaban formalmente y se les daba el nombre de un pariente fallecido, hecho que "servía para secar las lágrimas de los desconsolados”; pero normalmente se les sometía a un rito de tortura que formaba parte de la psicología iroquesa y huron, ya que las demás tribus algonquinas no lo practicaban.