Evidentemente, la costumbre no era tan rígida entre todos los nómadas de las praderas. El jefe pienago Saukamappee relató el retorno de un grupo de guerreros que traía más de 50 cabelleras del enemigo. Hubo una gran discusión en cuanto al significado simbólico de las que se cogían cuando el enemigo estaba muerto bajo su escudo, ya que nadie podía demostrar que le había matado realmente. Finalmente, el jefe de guerra decretó que
...”los que habían tomado el trofeo de la cabeza del enemigo al que habían matado, es decir, las Almas del enemigo que cada uno había cogido pertenecían a ellos y se las entregarían a sus parientes en el otro mundo para que fueran sus esclavos y quedarían contentos”...
...”los que habían tomado el trofeo de la cabeza del enemigo al que habían matado, es decir, las Almas del enemigo que cada uno había cogido pertenecían a ellos y se las entregarían a sus parientes en el otro mundo para que fueran sus esclavos y quedarían contentos”...