“a su regreso no dormían con sus mujeres, ni comían carne; no podían tomar nada salvo pescado y la nata de la leche. La abstinencia se prolongaba durante seis meses. Si no se observaba, se imaginaban que el alma de la víctima que habían matado les causaría la muerte a través de la brujería, que nunca volverían a tomar provecho de sus enemigos, y que la más mínima herida que recibieran sería mortal”...