"Después, todos los hombres jóvenes de nuestra tribu me seguían porque yo era capaz de disparar más lejos que ellos". Después de matar su primer búfalo, Pina Quanah abandonó su nombre de niño. Quitó la piel de la cabeza del búfalo, arrancó los pelos, dobló la piel y la ató alrededor de un palo hueco, a través del que podía hincharla como un globo; después metió algunas piedras. Cuando la piel estuvo seca, las piedras en su interior producían un ruido similar al de una matraca.