Demostraron su deseo de paz presentándose cada semana en Fort Sill cuando se pasaba lista. Otros grupos de kiowas con jefes belicosos, como Lobo Solitario, se dispersaron y huyeron del ejército. Sin embargo, soldados con fusiles de repetición, fusiles Gaatling y obuses los persiguieron incansablemente, de forma que no tenían ninguna posibilidad de cazar alimento o de descansar. A finales del verano de 1874, las bandas enemigas salieron de sus escondrijos y se entregaron en Fort Sill.