Satanta y Gran Árbol fueron conducidos a la ciudad fronteriza de Jacksboro, en Texas, donde fueron acusados de asesinato. En su discurso a los miembros del jurado, compuesto por rancheros y cowboys, el fiscal llamó a Satanta: "rufián, estafador y asesino... agitador y bandido que no cumple sus propios acuerdos". Los jefes indios fueron condenados a muerte en la horca. El proceso provocó una gran protesta en todo el país. Humanistas del Este protestaron contra la condena porque era demasiado dura y porque solamente traería como consecuencia ataques de venganza de los kiowas.