Alrededor del fuego del campamento de los kiowas, los jóvenes hablaban solamente de los blancos, que parecían invadirlos desde todas las direcciones. Cada vez que cabalgaban por la pradera, se encontraban con más granjas, alambradas y cazadores blancos de búfalos. Habían oído que los raíles para un nuevo caballo de hierro iban a pasar directamente a través de su territorio. Si el ferrocarril llegaba hasta allí, los búfalos desaparecerían totalmente. Los jefes indios de los kiowas seguían consultándose; unos estaban a favor, otros en contra de la paz. Pájaro Bailador pidió nuevamente a todos que tuvieran paciencia y colaboraran con los blancos. Sin embargo, Satanta se opuso. Junto con otros insurrectos jefes indios, llevó a cabo reiterados robos en Texas.