Después de la firma, se repartieron regalos como era costumbre en esas conversaciones de paz. Entre los regalos, se encontraban también algunas pistolas plateadas y relucientes y los jóvenes guerreros quisieron probarlas inmediatamente. Sin embargo, se mostró que las pistolas eran defectuosas, pues todas ellas, sin excepción, explotaron cuando fueron disparadas. Al invierno siguiente, los kiowas y los comanches, que habían firmado el convenio, ocuparon la reserva conjunta en territorio indio. Los cazadores kiowas seguían cabalgando a la búsqueda de búfalos en el oeste, en Texas, para poder alimentar a sus familias, pero, con frecuencia, regresaban con las manos vacías. Los búfalos escaseaban cada vez más. Los cazadores blancos, con fusiles de cañón largo, habían matado manadas enteras para aprovechar su carne o su piel o simplemente por el placer de matar.