Con más de cinco mil participantes de las tribus de los kiowas, de los comanches, de los cheyenes del sur y de los arapahos del sur, fue una de las mayores conversaciones de paz que jamás haya tenido lugar. Los jefes más importantes estaban sentados, con toda su indumentaria, sobre troncos de árboles; frente a ellos, los negociadores con traje negro y los oficiales con su uniforme de gala. Desde lejos, los soldados y los guerreros observaban lo que sucedía; cerca, se encontraban los traductores. En un profundo silencio, se fue pasando una pipa de la paz de latón y sólo cuando todos los participantes fumaron de ella, comenzaron las negociaciones.