En ese invierno, Quanah y sus guerreros se enfrentaron en dos docenas de pequeñas escaramuzas con los soldados de caballería. Habían gastado casi todas sus provisiones, tenían que levantar todos los días el campamento y cambiarlo de lugar. Durante todo el invierno, vivieron solamente de frutos secos, gusanos y ratones. En abril, los emisarios del gobierno visitaron a Quanah y le presentaron su ultimátum: En caso de que los kwahadis se entregaran, no serían castigados. En caso contrario, ninguno de ellos sobreviviría al verano. Quanah reconoció que continuar luchando contra los blancos significaría un suicidio para su pueblo. Reunió a sus kwahadis y los condujo el 2 de junio de 1875 a Fort Sill. Fueron los últimos indios que vivieron en libertad en la pradera meridional.