Siempre que los soldados encontraban un campamento de indios, les hacían huir, quemaban sus tipis, su ropa de cuero, sus flechas y alimentos, agujereaban el fondo de los calderos, reunían los caballos y las mulas y los mataban a tiros. Cuando terminó el verano, muchos indios rebeldes se abrieron paso, poco a poco, hasta Fort Sill y se entregaron. Otros todavía aguantaron los durísimos fríos del invierno de 1874 hasta que, finalmente, se entregaron. Robada su autoestima, hambrientos y temblando de frío, aparecieron en Fort Sill y limosnearon comida. Sin embargo, Quanah y sus kwahadis continuaron con su resistencia. "Tres Dedos Mackenzie" les seguía, y así huyeron cada vez más adentro de los inhóspitos lugares de Llano Estacado. Mientras tanto, los soldados de Mackenzie conocían bien aquel terreno. Habían dado con todos los ocultos escondrijos de los kwahadis.