Quanah condujo ese día varias veces a los indios en el ataque contra el puesto, pero eran rechazados, una y otra vez, por salvas de fuego de los fusiles. En uno de los ataques, fue alcanzado mortalmente el caballo que montaba Quanah. Cuando corrió a cubrirse, una bala le abrió la espalda. Se salvó agachándose detrás de un búfalo muerto y quedándose allí hasta que uno de sus comanches lo aupó a la grupa de su caballo.