Los kwahadis formaban el grupo más numeroso de las bandas hostiles y aceptaban gustosamente en sus filas a todos los jóvenes guerreros descontentos que querían unirse a ellos. Orgullosos, daban a conocer por todas partes que jamás habían firmado un acuerdo con nadie. Jamás habían puesto un solo pie en la reserva. Los blancos les echaban la culpa de los ininterrumpidos ataques a los asentamientos de la frontera. A principio de los años setenta del siglo XIX, los kwahadis llevaron a cabo una guerra de guerrillas contra las tropas de caballería, bajo el mando de Ranald Mackenzie, un joven coronel sin escrúpulos que había perdido un dedo en la guerra civil. Los indios lo llamaban Tres Dedos.