"Mi gente no vivirá en una reserva. Los jefes blancos deben saber que los kwahadis son guerreros. Solamente nos entregaremos si los casacas azules nos sacan a latigazos de nuestro territorio". Varios miles de comanches y kiowas se fueron a la nueva reserva, pero pronto lo lamentarían. Estaban acostumbrados a moverse libremente y la vida en la reserva era limitada para ellos. Nunca había suficiente para comer y los hombres no querían ser convertidos en campesinos a la fuerza por el gobierno. En pocos meses, desaparecieron más y más indios descontentos de la reserva. Durante los duros meses de invierno, aceptaron gustosos el reparto oficial de comestibles; sin embargo, cuando se aproximaba el verano, cabalgaron de nuevo por la llanura, la Gran Llanura, para cazar búfalos.