Culpa tiene el general Howard, que no dio suficiente tiempo a mi pueblo para reunir a sus manadas en Walowa. Él no tenía ningún derecho a expulsarme de Walowa. Juro que ni mi madre ni yo jamás vendimos este territorio. Sigue siendo nuestro territorio. Quizá ya jamás sea nuestra patria, pero los restos de mi padre descansan allí y yo lo quiero así, de la misma forma que amo a mi padre. Me fui de allí para evitar un derramamiento de sangre... Si el hombre blanco quiere vivir con nosotros en paz, entonces habrá paz. No tiene por qué haber más levantamientos.