El jefe sioux perseguía una política de entendimiento con los blancos, pero también mantuvo la tradicional vida de caza y nómada y no estaba dispuesto a abandonarla jamás. Sin embargo, pronto tuvo que reconocer que eso era imposible. Desde la firma de 1868, los indios y el gobierno discutían sobre el tratado y sus consecuencias: Para los jefes indios, que habían puesto su señal en él, significaba otra cosa que para los blancos. Los jefes indios insistían en que jamás les fue explicado verdaderamente lo que decían los dieciséis artículos del acuerdo. Afirmaban haber sido mentidos y engañados. “Yo firmé un acuerdo de paz pero aquí no consta nada de eso. Este acuerdo solamente contiene mentiras”.