A partir de entonces, Nube Roja se limitó a representar los intereses de su pueblo. Durante los años siguientes, viajó varias veces a Washington para tratar con funcionarios del gobierno. Dos veces se reunió con el presidente Ulysses S. Grant, visitó el Senado durante una sesión parlamentaria, contempló las atracciones y maravillas de la gran ciudad y así se pudo informar de primera mano sobre las riquezas y el poder de los blancos. En una ocasión, Nube Roja fue llevado a visitar el arsenal de armas de U. S. A., donde le fueron mostradas las más diversas armas de fuego que jamás hubiera podido imaginar. Le impresionó especialmente un nuevo tipo de cañón con un diámetro del tubo en el que podía caber un hombre adulto. En su honor, fue disparado el cañón y Nube Roja contempló cómo la granada zumbaba hacia abajo, hacia el Potomac River. Todavía cuatro o cinco millas más lejos, se la pudo ver saltar sobre el agua. Nube Roja calló, pero comprendió la lección.