Toro Sentado era un chamán que había vivido en estrecha comunicación con el Gran Espíritu, pero tenía sus dudas sobre la nueva creencia, tal y como la predicaba Wovoka. El profeta predicaba la vuelta de los bisontes y el tiempo en que los indios de nuevo recuperarían su tierra. Toro Sentado permitió que los demás miembros de la tribu siguieran o no al profeta, con lo que se reunían cada día delante de su cabaña para bailar, rezar y buscar visiones de sueños, lo que a los soldados le parecía una forma de insurrección.