A lo largo del juicio la prensa pudo hacerse con algunas cartas personales de Shipman, y en ellas revelaba una acusada dependencia psicológica de su mujer, cierta tendencia hacia la autocompasión y se mofaba de los familiares de sus víctimas. Éstas no han lamentado en absoluto su desaparición, pero sí quedarse para siempre sin el magro consuelo de un porqué.